Nadal. La mente del hombre invencible en polvo de ladrillo
Por: Andrés Burgo / REVISTA BRANDO La única final de Roland Garros que Rafael Nadal podría perder sería contra el propio Nadal, pero, aun así, la mejor superficie del tenista español no queda en París, sino en su cerebro único, un poco budista y un poco mártir. La historia de una mente prodigiosa comenzó cuando Rafa tenía 6 años y, a contramano del resto de los chicos, no conjugó el verbo "jugar", sino "aguantar". Su formador y primer entrenador, su tío Toni -un extenista al que no le había ido bien en su intento de vivir entre polvo de ladrillo-, se dedicó a moldear a un chico que pudiera cumplir lo que él no había podido: ser un campeón. Rafa era un nene, pero, cuando el sol daba en una de las mitades de la cancha, Toni le decía que fuera a jugar a esa mitad. También citaba a su sobrino a practicar a las 9, pero él recién llegaba a las 10. O podían estar entrenándose con pelotas nuevas, pero, de repente, el tío sacaba una mojada y se la tiraba: como Rafa calcula...