EDUCACIÓN ¿Por qué en Argentina no funcionamos como equipo?



(Escribe Rubén Denis / www.elentrerios.com). A cuenta de lo que nos sucedió en el todavía bien vivo Mundial de Rusia -aunque nosotros ya nos hayamos vuelto a casa- es mucho lo que se está hablando de las virtudes y bondades del argentino cuando se lo considera de manera individual y cuan deslucido se vuelve? cuando de actuar en equipo se trata. Nada mejor para ilustrar el caso con lo que nos sucediera en Rusia, donde un equipo plagado de jugadores que brillan en las principales canchas del mundo, con Messi como un "primus inter pares", mostró un juego colectivo pobre y feo. Para sorpresa de nadie, Argentina volvió a casa tras su partido de octavos de final, confirmando la pálida imagen que había venido mostrando ya por mucho tiempo.

Es cierto eso de que Argentina produce un increíble talento humano, mucho del cual se destaca no solo en nuestro país sino también en otros, sobre todo en los que se conocen como desarrollados. Es más, ese talento se potencia en realidad mucho más fuera de Argentina, donde los países se rigen por sistemas de funcionamiento mucho más ordenados, con normas bien claras y con reglas de juego que suelen cumplirse a rajatablas. Precisamente todo eso que por lo general es tan difícil de encontrar por estas tierras, y que hace que como grupo nos movamos en la contradicción, la falta de coherencia, y porque no en la falta de respeto. Destacarse a nivel individual en el plano local igual es posible, pero los caminos se hacen indudablemente más sinuosos y cuesta arriba.

O sea que aun cuando hay talento, esto no es garantía de un buen funcionamiento en grupo. Pero como para hacer aún más complicada la cosa, el talento no es tampoco privativo de una gran cantidad de argentinos, sino el de un grupo, el de aquellos que tienen acceso, por derecho adquirido o por esfuerzo propio, al de la educación superior. Esto es cierto solo para un tercio de los argentinos, tal vez también para algunos casos del segundo, pero definitivamente no para el tercer tercio, el que está totalmente fuera de todas estas comparaciones. Según decía el reconocido neurólogo Facundo Manes el otro día, solo un 10% de los argentinos cree en la movilidad social a partir de la educación. En cualquier país desarrollado ese número es la inversa, 90 de cada 100 piensan - y con razón- que la educación es el camino.

Entonces, en un país donde casi nadie cree en la educación como la llave del futuro, donde los ejemplos que priman no son los mejores, donde el trabajo y el esfuerzo han sido reemplazados por la viveza criolla como mejor virtud, donde sabemos hablar solo de derecho pero no de obligaciones, es muy difícil que la acción colectiva o el trabajo de grupo sean destacados y que se logre salir de una mediocre normalidad.

En Argentina, el tema de fondo es que tenemos un tercio de la población que está hundida en la más terrible de las postraciones, desesperanzada, frustrada, carente de alternativas, y alejada de los mínimos cánones de educación. Y el desafío es precisamente elevar a esa franja de ese lugar tan oscuro en que se encuentra y también el de asegurarnos que los que están en la franja del medio se mantengan o suban y no bajen,? destino más común por estos días.

Para que eso suceda, lo que se necesita es que volvamos a funcionar como equipo, partiendo de la base de que alguna vez hace mucho tiempo fue así. Eso implica organizarnos, trazar objetivos comunes, definir normas de convivencia, y comenzar a respetar reglas. En definitiva, volver a funcionar como sociedad. Todos deben tratar de participar de esa construcción, cada uno desde su lugar y desde sus posibilidades. Los que dejaron de creer que la educación es la salida tienen que volver a pensar en ella como una única solución, y los que se quejan de que son ellos los que llevan hoy toda la carga del esfuerzo sin nada a cambio -en definitiva son solo 8 millones de contribuyentes lo que sostienen un país de más de 40 millones de habitantes- deben entender que es un sacrificio necesario e indispensable. Lamentablemente hoy no hay sector de la población que no se sienta usado o discriminado, olvidando tal vez que la verdad, la pura verdad,? no está de un lado ni del otro,? sino más bien en un justo medio.
Fuente: El Entre Ríos Edición Impresa

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