Escribe Julián Stoppello de la Redacción de Entre Ríos Ahora. Las palomas no avanzan, se ven detenidas como manchas amorfas o piedras flotando en el aire enfermo de la tarde. Están tiesas en el cielo engripado. Si uno se fija con atención, se revelan las redes y la muerte. Los hilos invisibles cubren el ingreso aéreo del edificio estatal para evitar la mierda en el patio y en los pasillos. No hay olor ni mugre, pero ahí están los bichos enredados en la desgracia y el cielo es un pedacito, también, de apocalipsis. Puedo exagerar. Sucede que mayo es un mes difícil. Pienso que esa percepción viene desde la escuela. Ya habías entrado al año de un envión, estabas rozando la mitad, pero todavía no te acostumbrabas al ritmo, ni al clima, ni a la maestra, ni a la lluvia. Asomaban los exámenes y la semana de Mayo. Las imágenes para recortar de la revista Anteojito. La mañana que amanecía del color de la noche. Ese olor a humedad, las escaleras líquidas, las barandas pegajosas y la...