¿Quién tiene la culpa de que el Papa no venga?

Foto de la cumbre entre Mauricio Macri y el Papa Francisco


Por Ricardo Roa para el diario Clarín. Martes 16 de Enero de 2018


Culpable de que el Papa no visite la Argentina: Macri. Culpable de que el Papa reciba a notorios kirchneristas: el obispo Sánchez Sorondo. Culpable de que se diga que el Papa vive pendiente de las minucias de nuestra política interna: el mal periodismo.

Palabras más, palabras menos es lo que han venido diciendo en estas horas los voceros del Papa. Oficiales, oficiosos, ocasionales o permanentes. Estrategia de explicación que no explica o explica poco.

Aunque expliquen: todo es porque el Papa se niega a quedar encerrado en la grieta. Lo de la grieta es lo más extraño: se entiende o se entendía que un Papa es de lo mejor que tiene el mundo para cerrar o al menos intentar cerrar grietas. Es lo que Francisco mismo hace en países que no son el suyo.

Las grietas no se cierran con sonrisas para unos y caras amargas para otros, que son cosas que se leen fácil y que se recuerdan fácil. Y que suelen ser más claras que las declaraciones. Hay algo que no se olvida: el Vaticano ayudó dos veces a cerrar grietas, no sólo internas sino internacionales en las que estaba atrapada la Argentina.

El cardenal Samoré vino aquí y fue a Chile como representante de Juan Pablo II para cerrar una grieta feroz entre dos salvajes: Videla acá, Pinochet allá. El Papa terminó evitando una guerra y pariendo un tratado de paz. Aquello de 1978 amenazaba una guerra con muertes al por mayor. La grieta de ahora se dirime en democracia, con votos.

El mismo Papa que mandó a Samoré enfrentó aquí, con la astucia vaticana, a otro feroz: Galtieri. Vino después de haber estado en Gran Bretaña a intentar cerrar una grieta de balas: la Guerra de Malvinas. Fue en 1982.

Una guerra en ciernes y otra en desarrollo tienen que ver con la política interna. La esperanza que se frustra es que Francisco no ayude como antes otro Papa ayudó en días más difíciles. A Francisco se lo nota de un lado de la grieta: cuiden a Cristina no tiene contrapartida con Macri, al que envió ayer un mensaje protocolar y frío y a quien quienes son o se arrogan vocería papal azuzan.

Lo real: no viene, que es un mensaje. Lo también real, que varias veces vino muy cerca. Es la sexta vez que está en Latinoamérica. Visitó 26 países. Grandes, medianos y chicos. Para todos los gustos. De centro, de derecha y de izquierda. Democracias y dictadura, como la de Cuba. Le falta nada menos que su país.

La diplomacia vaticana construyó una forma de hacer política sobre silencios y ambigüedades. La Iglesia siempre tuvo voceros variados, claro que voceros oficiales y nunca nadie más oficial que el propio Papa, que habla con sus documentos y con sus gestos. Lo nuevo son voceros que usan un idioma incendiario al punto de orillar el desprecio por la democracia tal como hoy se la piensa.

Ahora despunta otro vocero, Víctor Fernández, a quien Bergoglio puso en la UCA. Buen redactor, lo ayudó con el documento de los obispos en Aparecida. Ya Papa, Francisco lo premió colocándolo por encima de muchos obispos. Pasó a ser arzobispo de Tiburnia. Que es como decir un arzobispo sin diócesis pero arzobispo al fin.
En una institución experta en gestos, Fernández se molesta porque el periodismo decodifica esos gestos. Si es por eso, seguramente deba seguir molestándose. El Papa tiene una misión universal pero su país es la Argentina. Se podría pensar que por eso mismo se aparta. Pero por eso mismo nadie mejor que él para tapar la grieta.

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