Hay que cerrar

Qué fue del periodismo gráfico, qué pasó con las Redacciones, dónde quedó ese apuro febril por los cierres, llamar, esperar, consultar, chequear: ¿murió todo eso?

Pablo Felizia, que fue periodista en un diario, que se fue de ese diario y fundó una editorial, hizo ahora lo que nadie: fundó un semanario en papel y porfía en armar agenda propia, alejada de los clics, de los influencers adocenados que hacen periodismo apuradísimo y postean después para que sus entrevistados les megusteen los títulos amigables.

Felizia cocina con otros fuegos, con temas propios, con riesgo de bolsillo.

“El Telégrafo de Entre Ríos” se llama el semanario en papel que Felizia y su equipo lanzaron el sábado 4. Nada tanto contracorriente que ni se esforzó en ponerle nombre de redes sociales. No quiere arrobar al diputado, ni al senador ni al dirigente que bravuconea a puro tuits: descansa en ese oficio en retirada que es la crónica.

Qué fruto extrañísimo es “El Telégrafo”.

A punto de cumplir 110 años de existencia, “El Diario” languidece, con empleados mal pagos, y salidas esporádicas.

Enfrente, “Diario Uno” perdió a casi toda su Redacción, que apuró los retiros voluntarios antes de quedar envueltos en la debacle más brutal, y aún así no puede cancelar a tiempo los salarios a sus poquísimos empleados que se aferran a su fuente laboral.

“El Telégrafo” cree que puede contra todo ese escenario adverso. Y lo intenta.

Dizque la gente no lee, dizque todos quieren periodismo exprés, bajas calorías, sin octógonos, fácilmente digerible, máximo doscientos caracteres, con título gancho, bueno, todo eso junto y todavía más.

No hay que incomodar, hay que agradar, hacernos los pillos hasta ahí nomás: después, saber recular con elegancia.

El León enfurece.

Te doy la pauta pero tratame bien.

Poneme un título lindo, eh. No me dejes quedar mal.

Los restos de aquel naufragio que ocurrió en un tiempo indeterminado dejó al periodismo desnudo, inerme, con patrones de pacotilla al mando de las hilachas, que mandan a remar a uno con los remos de cuatro.

Qué fue de todo aquello: la respuesta en Wikipedia.

O quizá, como dice El León, haya sido todo una falacia, las Redacciones hayan sido nido de canallas y mentirosos, y muertos de hambre y prostituidos, difamadores con recibo de sueldo, y el mercado haya puesto al periodismo -a los periodistas- en su lugar.

Entonces habrá que cerrar todo y hacer de las Redacciones un call center.

Ricardo Leguizamón

De la Redacción de Entre Ríos Ahora

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